20 de mayo de 2017

Somos veneno...


Me estoy acordando de la primera vez que llegamos juntos a un hotel. Recuerdo tu cara, tus gestos y sonrío y me dan ganas de llorar también. Pero no son lágrimas tristes. Son lágrimas nostálgicas que guardan la alegría del amor que —hay que admitir— todavía te tengo.
Estoy recordando tu: "Estoy muy excitado, creo que me voy a venir" cuando apenas mis caderas empezaban a bailar sobre las tuyas. Qué iba a saber yo que hacía cuatro meses que nadie se sentaba de esa manera sobre ti.
A ver... Doy vuelta a la cama y como que se sacude otra vez la memoria. Te miro en ese mismo día, limpiándote como loco en todas partes porque así eres, quisquilloso. Se te fue pasando con el tiempo pero jamás dejaste de serlo completamente. Te lavabas las manos justo después de tocarme el sexo y no volvías a besarme posterior a comerme el tuyo.
Te confesaré algo. Ayer me dieron ganas de olvidarte como se olvidan a los buenos amores: en otra cama. Y no he de negarte que el plan sigue muy en pie. Ya está la hora, ya está el día, ya está él... Y cuando pidió el lugar, pensé en nuestro hotel. Porque no es lejano y es bonito. Pero me dolió el pecho. El propósito es olvidarte, y si yo consigo un orgasmo mientras jalo las sábanas, cuando mire el diseño me voy a acordar de ti porque todas son iguales y le voy a arruinar el momento a él y me voy a romper un poquito más el corazón a mí. Es mejor así. Terminé cambiando de ruta y qué te digo, amor, esto es difícil, pero nosotros somos más difíciles y mejor alejarnos bien de ese veneno que somos el uno para el otro.



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